Cuando me pasa el mundo,
más allá de los recuerdos, los verbos
que se hubieran dicho.
Espero que quede el Misisipi.
Usted, que va sin cuidar,
sin saber, sin preocuparse,
usted que me ensució el cabello
con motas de tierra en su abrazo.
¡Que viviría una vida como usted!
Mientras me quedo separado del alma,
usted es todo al mismo punto:
el alfa, la omega y la nuestra.
Lo cruzo diez días a la semana,
y no falto al honor de ser llevado por su corriente,
que las ondas llevan una memoria de mí
hasta el golfo, hacia Tlālōcān.
¡Y que la memoria devuelva!
¡Devuelva! En el dorso de las gotas de lluvia,
para caer otra vez
y seguir a través de sus venas.
Y que me diga: “Tú, ven conmigo”.
Y con usted me voy
al lugar del néctar de Tlālōcān,
y que allí, yo reuniera con los espíritus ahogados
de la civilización americana


Explicación:
De hecho, mi poema es un écfrasis. Me inspiré para escribir este poema en la exposición de Anselm Kiefer en el SLAM. Su exposición Convirtiéndose en el mar trata los temas de la pérdida, la historia y el alma. Las obras de Kiefer fueron inspiradas por el misisipi y su gran historia. También, mi poema fue inspirada por él. El río Misisipi, en este poema, representa el alma del universo. La poema una exaltación del ambiente natural y de su importancia para la vida humana. Oh, y también, uso usted para referir al río y el río me refiere con “tú” para mostrar mi fealdad a su poder. El río es más grande, más importante que los recuerdos y las palabras, construcciones humanas que no importan dentro del gran esquema del universo. El río es como un personaje, dotado de espíritu de la misma manera en que los pueblos indígenas se lo dieron. También, me inspiré en el río del libro Siddhartha de Hermann Hesse, un autor alemán como Anselm Kiefer. En su obra, el río desempeña el mismo papel: conectar el pasado con lo que viene. El río tiene la capacidad de renacer tantas veces por la lluvia y el ciclo hidrologico. En mi poema, invoco la vida futura de Tlālōcān, el cielo azteca adonde van los ahogados. En Tlālōcān existen mi memoria y también las memorias de los dioses nativoamericanos, quienes fueron ahogados por los occidentales. Pero, gracias al río Misisipi, todavía existen la memoria mía y la de ellos.


